| - La educación y el valor que le demos a la sexualidad ya que si una persona desde su nacimiento se ha sentido querida y ha recibido una información en la que se ha evitado las prohibiciones, tendrá una afectividad más desarrollada y podra transmitirla mejor. Una persona que vive el sexo como algo hermoso, que lo disfruta, siempre tenderá a buscarlo con naturalidad.
- La cultura marca el ritmo e influye en nuestra vida sexual. De hecho cada cultura se rige por su propias normas y lo que para nosotros es algo prohibido, para otras culturas resultará algo muy normal.
- Actualmente, en nuestra cultura hay una sobrevaloración de lo sexual, constantemente recibimos estímulos sexuales que en ocasiones son erróneos.
- El estado de relajación es fundamental a la hora de desear o no hacer el amor. No siempre es una cuestión de educación ni de cultura, a veces la falta de ganas se debe simplemente a una cuestión orgánica. Nuestro estilo de vida frenético y el estrés hace que en ocasiones, aunque a uno le divierta mucho el sexo, prefiera un abrazo y un beso y dormir, porque es lo que su cuerpo y su mente le piden. |