El Recien Nacido

El Recien Nacido

Desde su nacimiento, tu pequeño está dotado de unas defensas que son vitales para su adaptación. Estas protecciones le ayudarán a salir adelante.

Es más fuerte de lo que crees
Desde su nacimiento, tu pequeño está dotado de unas defensas que son vitales para su adaptación. Estas protecciones le ayudarán a salir adelante.

Tan pronto nace, tu hijo tiene que poner en marcha todas las funciones de su organismo para poder adaptarse al mundo, y sin la ayuda de tu cuerpo. Puede sobrevivir gracias a las características fisiológicas de las que está dotado: a sus reflejos innatos y a las defensas con las que llegó al mundo.

Todos nacen preparados para sobrevivir
Los reflejos innatos que permitirán su supervivencia son muy numerosos. Desde los más vitales, como el reflejo de respiración y el de transpiración cutánea, el de circulación sanguínea y el de succión, hasta otros más complejos como el reflejo de prensión (o de agarre) y el de marcha, que revelarán al pediatra si tu pequeño tiene un correcto desarrollo neurológico y funcional.

En cuanto a las demás defensas innatas, quizás una de las más curiosas sea la postura flexionada. Tu pequeño la adoptará no sólo por la comodidad que le reporta, sino porque así disminuye la superficie que tiene expuesta al frío (no olvides que ha estado acostumbrado a los 36.5 ºC de tu cuerpo). De esta forma, al conservar su temperatura corporal, gasta menos energía y puede emplear las calorías que ahorra en superar cualquier alteración que lo afecte. Su organismo sabe bien cómo salir adelante.

Otras defensas de los recién nacidos son la vérnix caseosa (la capa de grasita que tiene en su piel), los ácidos del estómago (destruyen los microorganismos patógenos que a través de la saliva pueden acabar afectando al sistema digestivo), la mucina (mantiene húmedos los ojos, para protegerlos de infecciones), el cerumen (protege el canal auditivo de las agresiones bacterianas), los cilios (pelillos que recubren las fosas nasales y que erradican los microbios que intentan colonizar las vías respiratorias). Todas estas protecciones que la sabia naturaleza regala a los pequeños, evitan que su llegada al mundo esté amenazada por el contagio continuo de enfermedades.

Tu leche, las vacunas, su intuición...

Es cierto que los pequeños pierden con rapidez muchas de estas defensas y reflejos innatos, pero aún asó, no debes obsesionarte con el temor de que tu pequeño se contagie de alguna enfermedad.
Durante sus tres primeros meses, independientemente de que le des pecho o no, estará protegido contra muchas afecciones por las defensas que le has ido transmitiendo a lo largo de la gestación. Y luego comenzarás a vacunarlo. Posteriormente, aunque tendrás que vigilarlo para que no le ocurra nada malo, su intuición y alguna mala experiencia le enseñarán a interpretar como negativos algunos estímulos exteriores que podrían ponerlo en peligro (las escaleras, el horno...).

Confía en la naturaleza y en el instinto de supervivencia de tu pequeño. A pesar de esa apariencia débil y delicada, tiene muchas ganas de vivir... y ¡Ten la seguridad de que es más fuerte de lo que parece!


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