La piel del bebé

La piel del bebé

La piel de un recién nacido deberá adaptarse a las nuevas condiciones del ambiente. Este proceso de adaptación tarda 3 años en concretarse. Conoce cómo puedes minimizar las irritaciones y afecciones.

Durante los 9 meses de gestación, la nueva criatura vive en un ambiente radicalmente diferente al que habitará después del parto. El hecho de flotar en un estado líquido aporta condiciones diferentes a su piel que luego deberán verse modificadas.

El proceso de adaptación de la piel después del nacimiento lleva aproximadamente tres años. Es vital prestar atención a ello ya que pueden presentarse irritaciones y otras afecciones. Por ello es tan importante utilizar productos especializados en su cuidado e higiene: aquellos no irritantes e hipoalergénicos con los más indicados.

Suave cuidado inicial

Para el nacimiento, la piel del bebé es muy delicada, no tiene las cualidades ni estructura de una piel adulta, es vulnerable a irritaciones e infecciones debido a que su ph es neutro y no está en capacidad de proteger la epidermis de la deshidratación y la resequedad. Las defensas de su piel son incipientes por lo que estará más expuesto a infecciones externas.

Sin embargo, con referencia a la de un adulto, su piel es 3 veces más pesada, lo que hace que todo agente limpiador sea 3 veces más concentrado, elevando así los riesgos de toxicidad. Por ello es tan importante usar productos específicos. El bebé percibe gran parte del mundo que le rodea a través de su piel. Su sentido del tacto está expectante a cuantas sensaciones pueda descubrir.

A tener en cuenta durante el baño

Aunque aún no pueda decirlo, la hora del baño es toda una aventura para él. Es la apertura a un mundo de nuevas sensaciones, podrá jugar por primera vez, a su modo, con el agua, con los juguetes que incluyas e incluso contigo.

Lo primero es lavarte las manos e higienizar todos los implementos. En cuanto al bebé empezarás por limpiar sus ojos con un algodón humedecido con suero fisiológico pasándolo delicadamente por sus párpados y alrededor de los ojos. Utiliza un algodón diferente para cada ojo. Luego con otros algodones puedes pasar a sus orejas, limpiando únicamente la parte exterior para evitar obstrucciones por la cera, y la parte posterior.

Su nariz la puedes limpiar con dos copitos humedecido con la misma sustancia (uno para cada fosa). De esta misma forma puedes limpiar su rostro en el transcurso del día cuantas veces sea necesario. Para este efecto opta por soluciones limpiadoras que no requieran enjuagarse, infórmate bien con el pediatra cuáles son las más indicadas.

Para finalizar la rutina peina su cabello con un cepillo especial para bebés y aplica una suave loción levemente perfumada adecuada. Esto servirá para desarrollar su sentido del olfato y capacidad de sentir placer a través de los olores. Durante el día puedes limpiar sus manitos con toallitas refrescantes o limpiadoras por supuesto también apropiadas para su tipo de piel.

Recuerda que aunque el bebé no haya desarrollado su sistema de habla, tiene sistema propio de comunicación. Los cuidados y rutinas que tengas con él le hablarán del mundo exterior y le darán la bienvenida a una nueva vida en familia.


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